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domingo, 29 de diciembre de 2013

PSICOANALISIS. TRATAMIENTO DEL ALMA ( 2ª parte )

El ejemplo más común de acción psíquica sobre el cuerpo y que puede observarse siempre en cualquier individuo, lo muestra la llamada”expresión de las emociones”. Casi todos los estados de ánimo de una persona, se exteriorizan por tensiones y relajamientos en la musculatura de la cara, en los cambios vasculares de la piel, en la tonalidad de la voz, en los movimientos de sus piernas o de sus manos, en las alteraciones de su actividad cardiaca. Bien son conocidas por todos que bajo la influencia del miedo, de la ira, del dolor, del placer sexual, etc., se producen expresiones somáticas: aumento de la secreción salivar, taquicardias, nerviosismo, rubor facial, ganas de miccionar o defecar.
Los estados afectivos de naturaleza penosa, como suele decirse, depresiva, como la congoja, las preocupaciones, las aflicciones, reducen la ganas de comer, de hacer ejercicio, de disfrutar de las actividades cotidianas y aumentan el número de contagios a virus y bacterias.
Ciertos estados patológicos en la persona observamos que pueden ser profundamente influidos, empeorando los mismo ante un susto imprevisto o una repentina aflicción. Y lo contrario, una noticia favorable ha podido influir positivamente sobre una enfermedad crónica o aun la hayan curado por completo.
De manera contraria, bajo la influencia de excitaciones placenteras, de la felicidad, el organismo florece y la persona recupera algunas manifestaciones de la juventud.
Todos los afectos, en el sentido estricto, se hayan muy vinculados con los procesos corporales pero en realidad, hasta los procesos “intelectuales” que también pueden considerarse como modos afectivos, tienen la capacidad de alterar procesos corporales.
Cuando la voluntad y la atención están centrados en un órgano, en un dolor, este llega a acentuarse e incluso a intensificarse. Al igual entonces, que los dolores pueden provocarse o exacerbarse dirigiendo la atención sobre ellos, también pueden apartarse al retirar la atención sobre los mismos.
Destacamos  el interés que nos produce el estado anímico de la “expectación”, donde una serie de fuerzan psíquicas se ponen en juego para determinar la provocación y la curación de afecciones corporales. La “expectación ansiosa” puede influir en la aparición de una enfermedad. Por el contrario la “expectación esperanzanda” es capaz de producir “curas milagrosas”. De hecho, ciertas intervenciones terapeúticas, curan más por la fe del enfermo que por la intervención científica.
No podemos quitarle importancia a estas curas milagrosas. Ocurren efectivamente y siempre han ocurrido. Para explicar estas curaciones milagrosas, podemos recurrir también a los poderes de los estados de ánimo. El poder de la fé religiosa es un reforzamiento para el estado de ánimo. La fe piadosa, cuando es reforzada por una multitud, puede hacer sentir al alma humana una exaltación que produce el milagro sobre la enfermedad.
De hecho, ante situaciones clínicas que la ciencia no puede resolver, el hombre es capaz de buscar soluciones en todo aquello que le pueda ofrecer una esperanza. Esta expectación de curación puede producir el efecto buscado de la sanación en aquello que despertó la fe y la confianza en el enfermo.

Así mismo podemos ver que hay profesionales que despiertan mayor confianza en el enfermo y el propio paciente ya percibe un alivio cuando ve al especialista entrar en la sala o conversar en su consulta.( CONTINUARÁ )

martes, 6 de agosto de 2013

¿Qué es la terapia del psicoanálisis?


Descubierto por Freud, sus comienzo datan de 1895, tras la curación de una enferma histérica, mediante el llamado método catártico. Se sumía al paciente en un estado hipnótico y los síntomas que padecía  eran eliminados retrotrayéndole al estado psíquico en el cual habían surgido cada uno de ellos por primera vez. Emergían entonces en el hipnotizado recuerdos, ideas, impulsos ausentes hasta entonces de su conciencia y una vez que la persona comunicaba al médico, entre intensas manifestaciones afectivas, tales procesos anímicos, quedaban vencidos los síntomas y evitada su reaparición. Lo que lograban era una transformación de manera que los síntomas eran descargados del afecto o sentimiento al cual estaban unidos. Pero este método se complicaba casi siempre porque Freud se dio cuenta que en la producción de un síntoma ( psíquico o físico ) participaban muchas mas causas que una sola. Aquí se manejaba todavía la teoría del trauma, es decir, se suponía que un determinado trauma no elaborado y en su caso reprimido, era la causa de la producción de síntomas. Más adelante se descartó la teoría del trauma al ver que muchas personas que habían vivido similares experiencias no enfermaban y otras sí. Así mismo, se averiguó que lo importante no era tanto que la persona hubiera vivido o no una situación traumática, sino lo que había hecho de manera inconsciente con dicha vivencia, es decir, el uso que le daba con algún fin.
Esto le llevó a Freud, a renunciar al método catártico ( hipnosis ) y a la teoría del trauma. Y el paso que dio, fue tratar a los pacientes sin someterlos a ninguna influencia personal, haciéndoles adoptar simplemente una postura cómoda sobre un diván y situándose él a su espalda, fuera del alcance de la vista.
Una sesión de psicoanálisis transcurre así, como un diálogo entre dos personas, sin perturbar con nada al paciente que lo haga distraerse de los pensamientos que le van viniendo a la mente. De manera voluntaria, el paciente va diciendo todo lo que se le ocurre a la mente (es lo que se llama asociación libre) de cualquier cosa aunque le resulte absurdo e incluso no guarde relación con el tema que está tratando. Se le pide al paciente que no censure nada de lo que le venga a su mente, aún considerándolo vergonzoso o de penosa confesión. Reuniendo todo el material verbal que aparece, al paciente se le van abriendo puertas a su memoria y es capaz de recordar hechos que tenía olvidado hacía tiempo. La falta de memoria o el olvido de hechos de la infancia, siempre guardan relación con el proceso de represión. La persona ha reprimido todo aquel recuerdo que le produjo sensaciones displacientes. En las ocurrencias espontáneas por parte del paciente, el psicoanalista es capaz de hallar una relación con aquello que ha provocado su trastorno depresivo, obsesivo, sexual etc… En el relato de los sueños, en las fantasías que el paciente muestra, en los lapsus, las equivocaciones, los errores verbales, se puede descifrar todo un material deformado cuya traducción da con la causa productora de los síntomas del paciente.
La técnica psicoanalítica consiste en relacionar las ocurrencias que el paciente va desarrollando verbalmente en la terapia, con el material psíquico reprimido causante de su malestar.
De esta manera se logra hacer consciente lo que es material inconsciente reprimido.
El psicoanálisis es una técnica precisa, cuyas reglas están establecidas para la comprensión de los síntomas productores de síntomas o enfermedades.
El psicoanálisis es útil en los estados anímicos de tristeza, obsesiones, fobias, manias, problemas de pareja, dificultades sexuales, etc, ya que el método es el mismo: descifrar el material inconsciente que se esconde detrás de los síntomas que la persona viene a tratar.
El fin del tratamiento psicoanalítico, sería suprimir las amnesias, la pérdida de memoria antes hechos vividos o imaginados, de modo, que su recuerdo, desvelaría los aspectos inconscientes de la base de la personalidad.
A la terapia del psicoanálisis, puede acceder cualquier persona. No se requieren condiciones especiales y no es incompatible con los tratamientos psiquiátricos o psicológicos. Con respecto a la duración del tratamiento psicoanalítico puede ir desde seis meses a varios años, todo dependiendo de lo que la persona venga a tratar.
Hoy día existe el llamado “psicoanálisis aplicado”. Consiste en que la persona va a tratarse de un problema o dificultad específico, sin entrar en otras áreas de su mente.
Hay personas que van a tratarse de su dificultad para encontrar pareja, o bien para hallar un mejor empleo, para resolver un problema de pareja, de familia, de carácter, etc…
A pesar de ser una ciencia joven ( 113 años desde sus comienzos ) es la técnica mas eficaz para resolver cualquier dificultad o problema. Supera tanto a la psicología y a la psiquiatría en cuanto a la efectividad y ya son muchos los psicólogos y psiquiatras que ha decidido usar como técnica de tratamiento, la terapia psicoanalítica. 

jueves, 8 de noviembre de 2012

LA TIRANIA DE LOS SENTIMIENTOS- Bases de la Gestión Emocional


NTRODUCCIÓN DEL LIBRO ¿ CÓMO GESTIONAR LAS EMOCIONES? ( inminente publicación )


Todos los pensamientos que aparecen en nuestra conciencia, tienen un sentido inconsciente por muy incongruentes y faltos de sentido que nos parezcan. A veces, llegamos a sentirlos como extraños y ajenos a nuestra manera de ser, pero tienen su propio significado. Nos sorprendemos de nosotros  pensando o deseando cosas ilógicas o desagradables hacia nuestra pareja, familia, hijos, amigos y  nos  sentimos mal y hasta culpables por la crudeza de los mismos
¿Cuando me peleo con mi pareja, un familiar, un hijo, un amigo o un compañero y me vienen pensamientos o deseos de matarlo, es que realmente quiero matarlo? ¿Si siento un deseo sexual hacia mi compañero de trabajo eso significa que ya no quiero a mi novio o marido? ¿Por qué mi pareja me maltrata y a pesar de ello le sigo queriendo?
Los sentimientos pueden llegar a ser tiránicos, esclavizándonos a una manera de sentir o pensar que nos provoca malestar y deterioro personal.
El ser humano es ambivalente, en él existe la posibilidad de crear y destruir, de amar y odiar, porque en nosostros  anida la capacidad de crear vida pero también  producir la muerte.
Son los científicos quienes inventan una máquina para detectar el cáncer pero también son los que inventan armas de destrucción masiva.
La misma persona a la que amaba cuando estaba enamorado, es la  que ahora odio. Creemos poder controlar nuestros sentimientos, pero son ellos quienes nos controlan a nosotros.

NO LO OLVIDES. Cuando el odio, el amor, los celos, la envidia, la soberbia, el narcisismo, la arrogancia, la pereza, la infidelidad etc… nos crean malestar porque son más fuertes que la razón, estamos siendo víctimas de la tiranía de nuestros sentimientos.

Treinta años de estudios, sobre más de cincuenta mil pacientes, nos permiten afirmar que los trastornos y desequilibrios emocionales que padecemos son el resultado de un conflicto psíquico moral, entre la razón y la parte inconsciente amoral de la personalidad.
Pensamientos, deseos, afectos, sentimientos, emociones que aparecen en la conciencia y no comprendemos su sentido, pueden ser causa de conflicto, desequilibrio, alteración y perturbación que acaban enfermando la conciencia.
Aparte de las necesidades económicas, tenemos necesidades afectivas, emocionales y sexuales satisfechas, pudiendo sufrir tanto por exceso como por defecto. Uno puede sentirse mal cuando ama pero también cuando le falta el amor. Cuando amamos a una persona, se puede sufrir por la aparición de los celos, pero no amar a nadie para no sentir celos, también puede ser doloroso.
En apariencia, sabemos lo que queremos a nivel emocional y sin embargo, no siempre lo logramos.  ¿Por qué se me repiten los  mismos problemas con el amor,  el trabajo, la familia o los amigos?
El psicoanálisis ha descubierto que lo que queremos conscientemente, a veces, no coincide con lo que deseamos inconscientemente.

DIFICIL DE ACEPTAR. Tanto lo  que tenemos  como lo que nos falta en la vida, es producto de  nuestros deseos inconscientes.
Pero ¿cómo voy a querer o a desear a una persona que me hace daño? ¿Por qué continuo en un trabajo dónde me explotan? ¿Por qué las personas que mas quiero son las que peor me tratan? ¿Por qué siempre me engañan o me traicionan las personas que quiero?

La respuesta está en uno mismo. Por increíble que parezca, todos tenemos necesidades  que son del orden del dolor, del masoquismo, del sadismo y de la perversión, las cuales, pueden llegar a convertirse en una forma de vivir.
Las relaciones tortuosas a medio y largo plazo y que nos producen dolor, pueden crearnos hábito y dependencia emocional hacia la persona que nos lo inflige. Es una drogodependencia emocional que aún haciéndonos daño, la necesitamos para vivir.

MUY IMPORTANTE. El dolor, el amor, el sadismo, el masoquismo, el odio, la venganza, los celos y los deseos sexuales perversos e insatisfechos pueden  convertirse en  una forma de vivir para muchas personas.
 CASO CLÍNICO. Acude a consulta una pareja de 49  y 45 años de edad. Dicen querer separarse tras llevar más de 18 años de convivencia. Su vida matrimonial y de pareja ha sido un infierno. Se han peleado y separado varias veces pero una fuerza poderosa y extraña les lleva a unirse de nuevo. La última vez, él la agredió físicamente a ella, tuvieron un juicio rápido y a él se le prohibió la cercanía al hogar. Dos días después su mujer lo llamaba para que volviera a pesar de la orden policial existente. Tras un mes de luna de miel, vuelven a agredirse y esta vez, ella lo denuncia por violación. Vuelven a juzgarlo a él y esta vez lo encarcelan. Al mes y medio, ella retira toda denuncia y cargos contra él para que le suelten de la cárcel. El Juez, cansado de tanta neurosis, pide una valoración psicológica que pone al descubierto la existencia de una relación de pareja sadomasoquista. El hombre proyectaba sobre su mujer la relación amor odio que tuvo con su madre y la mujer proyectaba la relación amor odio que vivió con su padre. Tras dos años de tratamiento, han encontrado nuevas formas de goce que no tienen que ver ni con el sadismo ni con el masoquismo.

¿Quién no ha sentido odio y rencor por una persona querida y no poder separarse de ella?
¿Has sentido alguna vez culpa por desear a otras personas que se hallaban comprometidas?
¿Quién no sueña con lograr una mejor posición económica aunque para ello tenga que traicionar sus ideales o creencias?
¿Cuántas veces has sentido culpa por desear el mal a una persona?
¿Cuántas veces hubieras dado rienda suelta a todos tus deseos y pasiones sexuales si tu moral reprimida no te lo hubiera impedido?
Las personas tenemos deseos y necesidades afectivas, emocionales y sexuales que nos gustaría satisfacer pero las silenciamos por vergüenza, ya que nuestra moral, nuestra ideología personal o familiar nunca la aceptaría.
Los conflictos entre la moral y ciertos deseos inconscientes, son causa de la mayoría de los trastornos mentales. En la  depresión, el trastorno obsesivo, la ansiedad, los ataques de angustia, la impotencia,  la frigidez, la eyaculación precoz, la bulimia, la anorexia, etc,  encontramos un conflicto emocional o sexual inconsciente con la moral sin resolver.
El yo -la conciencia-, se halla entre  el mundo de la realidad y el mundo interior inconsciente. Estamos sometidos constantemente a tentaciones que ponen a prueba la fortaleza de nuestra moral y de nuestra ética. A veces sucumbimos a nuestras tentaciones y otras veces las reprimimos. Sin embargo, todo lo reprimido permanece latente en el inconsciente pudiendo retornar de manera inesperada en la conciencia y provocar conflicto y malestar.
De ahí que muchas de las actuaciones o formas de comportamiento del ser humano, son conductas de evitación para no tener el conflicto que producen la aparición de sentimientos, deseos y afectos contrarios a nuestra educación y a nuestra moral y ética.





CASO CLÍNICO. Mujer muy guapa de cara, de 28 años pero bastante obesa. Sufre de ataques de angustia y ansiedad que la hacen desmayarse en público y acudir a urgencias. No puede dejar de comer. Ha intentado varias veces ponerse a régimen y cada vez que logra llegar a su peso ideal, le aparece un estado de nerviosismo que la lleva de nuevo a engordar. El caso fue diagnosticado de histeria. Esta mujer, cada vez que adelgazaba provocaba auténticas pasiones entre los hombres de su trabajo y ella se daba cuenta pero no quería verlo porque se le despertaban  ciertos deseos sexuales intolerables para su conciencia que le hacían rechazar de manera inconsciente su estado actual de belleza. La única manera de no llamar la atención de los hombres era engordando y deformándose, pero aún así, no podía evitar la aparición de deseos sexuales que le producían un verdadero conflicto moral en su conciencia, cuya represión se manifestaba en ataques de angustia y ansiedad.

CASO CLÍNICO. Joven de 18 años, hijo único con dependencia emocional  a una madre rígida y desapego a un padre insignificante. Presenta fracaso escolar y desde hace unos meses, miedos, angustia, ansiedad que al psicoanalista le hace pensar en un terror virginal a las mujeres aún deseándolas. El psicoanálisis descubre la existencia de un Complejo de Edipo (enamoramiento hacia la madre). Cada vez que aparecían los ataques de angustia, al padre le echaban de su cama y el hijo ocupaba su puesto junto a la madre. El joven reconoció que la cercanía del cuerpo de la madre le despertaba “cierto picor genital “. La madre padecía de una neurosis donde negaba inconscientemente que su hijo había crecido y seguía dándole un trato infantil. Para no herir sus sentimientos, de manera sutil y cuidadosa se le aconsejó que no se volvieran a meter en la cama al hijo a pesar de que este se angustiara. Actualmente el joven está más tranquilo y va aprobando alguna asignatura.


CASO CLÍNICO. Santi y Pepa, ambos casados con sus respectivas parejas, se conocieron hace un año en la misma empresa. En el breve espacio de un mes, se desarrolló una intensa amistad que llamó poderosamente la atención a sus compañeros de departamento. De la noche a la mañana comenzaron a llevarse mal y a discutir hasta el punto que fueron separados por el mal rollo que producían. La Jefa de Recursos Humanos, psicóloga y con formación psicoanalítica pudo darse cuenta (por una experiencia personal similar)  que entre Santi y  Pepa  se habían  despertado de unos sentimientos y una pasión desaforada que ninguno de los dos toleró y al ver la posibilidad de una cercana satisfacción, para no caer en la tentación de una infidelidad conyugal,  tuvieron que poner freno a sus sentimientos a través de la pelea y la discusión. Pero la Jefa de Recursos Humanos sabe que aunque se lleven mal y estén separados por varios biombos, se siguen deseando.


INCREIBLE, PERO CIERTO. Si te llevas demasiado bien con una persona y la relación se tuerce repentinamente hasta acabar en discusión o pelea puede ser debido a la aparición entre vosotros de deseos amorosos o sexuales intolerables para la moral y la conciencia.


A TENER EN CUENTA. Muchos casos de mobbing,  lo que esconden es una pasión amorosa o sexual que se desarrolla inconscientemente  entre las personas y a su vez se reprime de la conciencia por ser contraria a la moral de la persona.


CASO CLÍNICO. Importante Empresa Nacional. Empleada deprimida y de baja desde hace varios meses. Acusa de mobbing a su Jefe, hombre austero, seco, distante y de pocas palabras. Él reconoce que ella le pone nervioso y ella reconoce que él la pone nerviosa. Ambos son dos nerviosos. Cada vez que se juntan para trabajar, saltan chispas. Tras dos meses de couching emocional con él, se descubre la existencia de un deseo sexual inconsciente de carácter sádico que le despierta su empleada cuando ésta muestra su carácter infantil y rebelde. La empleada refiere haber sufrido el carácter violento y machista de su padre muerto hace dos años. A pesar del trato recibido, le quería y  su muerte le ocasionó una profunda melancolía no superada actualmente.  Mediante un complejo mecanismo de identificación, desplazamiento y proyección, la empleada puso a su Jefe en el lugar del padre muerto, de manera que volvieron a activarse en ella la ambivalencia de sus sentimientos hacia su padre: amor y odio.
El carácter de su Jefe se le hacía intolerable ya que lo amaba por recordarle al padre muerto pero a su vez lo odiaba porque despertaba en ella un sentimiento de amor prohibido. El caso del “supuesto mobbing “se resolvió cuando ella pronunció la frase: “no te vayas a creer que estoy enamorada de mi Jefe (o sea, de mi padre)“

lunes, 1 de marzo de 2010

DIRECCION POR CONFIANZA

Hace unos días, estuve dando un seminario a 26 mujeres en un Master de Administración y Dirección de Empresas. El tema que me ocupó era La Dirección por Confianza. Personas que nunca habían oído hablar del psicoanálisis aplicado a la empresa, confesaron haber tenido una experiencia poco habitual. De manera progresiva y escalonada, fueron viendo cómo los procesos grupales que acontecian dentro de una organización empresarial, no dejaban de ser reflejos de los procesos individuales inconscientes. El mecanismo de los celos, la envidia, el exceso de narcisismo, la tristeza, la ansiedad o la angustia, fueron algunos de los sentimientos cotidianos que se analizaron dentro de la dinámica empresarial. El seminario aportó herramientas contundentes para posibilitar un manejo más efectivo de las emociones en los grupos de trabajo. Mostramos que para producir efectos con la palabra, se debía llegar a lo profundo de las cosas. Esta diferencia notable entre los llamados coachers y el psicoaching volvió a mostrar que el psicoanálisis aplicado a lo empresarial es el futuro en materia de formación empresarial. Las viejas concepciones sobre grupalidad están anticuadas porque no se tiene en cuenta que la base sobre la que se sustentan las relaciones humanas, tienen un fondo inconsciente, que todos intuímos pero que muy poco saben acceder a esa información privilegiada que toda persona lleva sin saberlo. Ventaja competitiva, saber de lo psíquico, es la nueva esfera en la que entramos dentro de la formación empresarial.

martes, 24 de febrero de 2009

LAS BASES DEL CONTRATO EMOCIONAL

Un contrato emocional está encaminado a producir o garantizar un estado anímico relacionado con el bienestar y sus cláusulas deben evitar todo aquello que produzca malestar laboral.
Cuando se produce algún tipo de malestar que se acrecienta y/o que se mantiene en el tiempo, puede romper el bienestar y entonces podemos decir que el contrato pierde su vigencia para dejar de ser funcional y transformarse antifuncional e insalubre.
Por economía psíquica, definimos al conjunto de procesos anímicos regulados por el principio del placer. Dicho principio psíquico interviene para aminorar la tensión de todo aquello que provoca malestar o displacer y evitar lo que llamamos “ sufrimiento “.
Económicamente hablando, todo aquello que provoca malestar, tensión o sufrimiento, puede llegar a disminuir la capacidad intelectual y productiva de cualquier ser humano, ya sea en lo laboral o en lo personal.
Vamos a tratar de explicar estos conceptos tan fundamentales para entender la base sobre la cual se sostiene el contrato emocional o afectivo.
Relacionaremos el placer y el displacer con aquello que provoca excitación o inquietud en nuestro estado de ánimo.
El displacer o malestar corresponde con una elevación de dicha excitación y el placer o bienestar con una disminución de dicha tensión.
Más que una relación con sensaciones, el factor decisivo es el aumento o disminución de dicha medida de excitación en el tiempo. Es decir, ciertas tensiones personales y/o laborables, provocan malestar porque se acumulan durante un tiempo y el no poder aminorarlas acaban produciendo perturbación anímica.
G.Th.Fechner afirma que nuestra conciencia se halla revestida de placer cuanto más se acerca a la completa estabilidad o de malestar cuanto más se aleja de la misma. Podríamos hablar de un límite intermedio entre el bienestar y el malestar al cual denominamos: indiferencia.
Debemos señalar que la tendencia humana es a mantener nuestro cerebro con el mínimo nivel de tensiones y si no hubiesen otras fuerzas que se oponen a dicha tendencia, podría ser hasta peligroso para nuestra autorrealización, ya que no podríamos hacer frente a las dificultades del mundo exterior.
Nuestro instinto de conservación nos lleva a aceptar en parte la realidad y si bien no podemos eliminar todo aquello que nos produce malestar, somos capaces de tolerar un cierto grado de malestar o insatisfacción para llegar al encuentro con lo que ansiamos y que nos producirá placer.
El contrato emocional se establece para obtener una tranquilidad y estabilidad pero a su vez, para tolerar un grado de tensión laboral que a la larga producirá bienestar.
Todo contrato emocional, moral o afectivo, suele ejercer cierta presión sobre la persona para que lejos de acomodarse en su posición laboral y/o personas, produzca un grado de tensión que la obligue a mejorar y producir más para la empresa y ella misma. Este grado de insatisfacción ayuda a que el trabajador tenga una actitud más deseante. La falta de motivación que tanto se achaca a los Funcionarios puede ser debido a la situación de extrema estabilidad que tienen, la cual puede llegar a aminorar su deseo por su labor, de manera que trabajan para lo justo y necesario de su función. Circunstancia por la que a veces es difícil exigirles mayor productividad. Esto nos lleva a plantearnos que en algunos sistemas laborales el contrato emocional se establece no en relación al principio de realidad, sino en relación al principio del placer, es decir, trabajar con el mínimo esfuerzo.
El establecimiento del contrato emocional da asiento a las bases de la productividad con el capital humano. Será la necesidad la que teóricamente haga moverse al trabajador cuando la realidad llame a su puerta. Un bienestar con el tiempo puede convertirse en algo caduco que requiera una reestructuración hacia nuevos bienestares. Esta circunstancia nos hace pensar que las bases del contrato emocional están sostenidas por algo tan dinámico y evolutivo como es el equilibrio entre dos fuerzas que son el principio del placer y el de realidad. Equilibrio que a su vez nunca goza de equilibrio. Son sus desequilibrios y el afán de conquista del equilibrio lo que da originalidad a cualquier emoción humana.