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domingo, 1 de septiembre de 2013

¿POR QUÉ ENFERMAMOS DE LA MENTE?


La mente, esa compañera y a la vez desconocida, nos acompaña toda la vida. A veces como aliada pero a veces como enemiga. Cuando en 1900 Sigmund Freud, publica La Interpretación de los Sueños, abre la puerta al estudio de los procesos psíquicos, mostrando que nuestro aparato psíquico se divide en dos entidades, la conciencia y el inconsciente. La conciencia es un mero  receptor de los estímulos externos y también de los estímulos internos. Ante lo exterior, nuestra conciencia puede huir, separarse pero de los procesos internos, la fuga no es posible. Hay una voz continua en los sujetos, un diálogo a veces imparable entre nuestro yo y las representaciones que aparecen en él. Frases, pensamientos, ideas o deseos que producen un malestar significativo frente al cual, nuestro yo trata vanamente de separarse o apartarse sin lograrlo de una manera efectiva. ¿Qué supone enfermar de la mente?¿Quizás enfermar tiene un sentido que no logramos entender?
Aquí, la respuesta del psicoanálisis es contundente. La enfermedad tiene un sentido, tiene una lógica inconsciente que debe ser analizada, interpretada para lograr su comprensión. No es fácil aceptar la idea de una parte inconsciente en nosotros. Parte de la cual sólo percibimos sus efectos: los sueños, los lapsus, los errores, los fallidos, las equivocaciones, las fantasías, los pensamientos. Ante esto, somos meros espectadores. Si no sabemos cómo funciona nuestra mente, aplicaremos palabras como causalidad, coincidencia, suerte, mal de ojo a las cosas que nos suceden. Para todo lo que nos sucede, hasta para el proceso de enfermar, hay una explicación.
Según el Manual de los Trastornos Psiquiátricos, el concepto de trastorno lo asocia a una pérdida en el individuo de la capacidad de llevar a caso sus actividades individuales. Pérdida del interés por actividades que antes le suponían placer y afectación a su capacidad laboral. Digamos que esto acontece porque la persona antes tenía unas capacidades que ahora han quedado mermadas. Decimos que su trastorno o enfermedad le resta o le consume su energía. Y así es de cierto. Desde una depresión, pasando por una neurosis obsesiva, bien un problema de pareja, un estado de ansiedad o angustia, secuestran una energía que antes la persona disponía para su vida y ahora esta energía es para sus síntomas, para su trastorno, para su enfermedad.
Lo cierto y llamativo es que el trastorno mental, acapara la mayor atención del sujeto durante la mayor parte del día. Digamos que vive por y para su trastorno. Le ha hechos perder la noción de realidad y ahora su realidad es la realidad de lo que le pasa. Ha dejado de prestar atención a su vida y ahora su vida es su enfermedad. Como vemos, es llamativo este interés que la persona vuelva sobre su trastorno. Hay una conciencia que mira casi y exclusivamente hacia el interior de uno. No sabemos desde la conciencia porqué pero sabemos que ahora nuestro interés está centrado en lo que nos pasa. Aquí surgiría la primera pregunta, ¿de qué ha apartado la persona su atención para volcarla exclusivamente en lo que le pasa?¿podríamos decir que algo de lo que no quiere darse cuenta o al menos conscientemente de algo que le provoca malestar, le hace huir, refugiarse en la enfermedad? Otra pregunta de suma importancia ¿por qué la persona enferma huye de curarse, siendo capaz de vivir en su enfermedad de manera permanente? En torno a estas preguntas y otras más que por cuestiones teórica sin complejas de formular para un fácil entendimiento, gira la causa del porqué las personas enferman de la mente. ¿Realmente hablamos de enfermedad o es una solución a un conflicto que no se quiere abordar? Aunque la enfermedad suponga una anulación de la capacidad de vivir, hay que añadir que la resistencia que las personas ponen a curarse o a encontrar una solución tiene más bien que ver con no querer ver o aceptar cuestiones que no dejan de ser de uno mismo pero que aún siendo propias, se rehúye de ellas y se rechazan. La enfermedad, siempre hay que pensarla pero como una huida. ¿Pero de qué? Esta pregunta la dejo abierta para todo aquel que tenga valor para hacérsela. 

martes, 12 de marzo de 2013

LA SALUD MENTAL A DEBATE


Vivimos en una cultura capitalista, lo que significa que todo aquello con valor, se transforma en dinero. La salud mental también es un negocio, como ciertas enfermedades crónicas que pudiéndose curar, se las hace crónicas para que haya un consumo crónico de medicamentos. Vivimos en una sociedad tal que la salud se ha convertido en especulación. Se inventan enfermedades mentales (la última es diagnosticar a los niños como hiperactivos o el síndrome de falta de atención) que requieren nuevos usos de medicamentos. La depresión es un trastorno del estado de ánimo cuya causa es psíquica, independientemente de la química del cerebro, donde la persona, ha perdido toda esperanza de felicidad porque no tiene los mecanismos necesarios ni los instrumentos psíquicos precisos para abordar su vida. El trastorno obsesivo compulsivo, al igual que el síndrome de hiperactividad infantil, es consecuencia de una mala elaboración del desarrollo sexual infantil y como se desconoce el funcionamiento de la sexualidad en los procesos de las enfermedades mentales, la tendencia es a cronificar un estado de ánimo porque no se conocen las leyes inconscientes de los deseos sexuales infantiles reprimidos y que tanta influencia ejercen en la vida del adulto. La sexualidad reprimida, sigue siendo la causa de 9 de cada 10 problemas mentales, por no decir que 10 de cada 10, reservándome alguno de causa orgánica en cuya etiología siempre encontramos algún factor de causa sexual. El hombre, la mujer, padecen de una moral frente a su sexualidad que los hace reprimirla. Dicha sexualidad guarda relación con aspectos perversos de la misma cuyo conocimiento produce mas displacer que placer. La represión de dichos deseos, junto a una moral que censura los mismos, acaba provocando un debate moral que agota y produce síntomas en la persona. Como las personas prefieren callar su sexualidad a psicoanalizarla, es decir, hablarla, comprenderla, se hacen medicar pensando que un medicamento acallará sus deseos sexuales. Cosa más incierta. Un medicamento no deja de ser más que un tapón que impide la manifestación de deseos, pero aunque se repriman, siguen activos y por muchos que se les trate de taponar, ellos saben como manifestarse. Hay un capitalismo agresivo imperante sobre la salud mental, que se aprovecha de la moral sexual de las personas. Tomar la pastilla puede ser más fácil que hablar pero las consecuencias vitales son totalmente distintas. No hablar acaba produciendo importantes deterioros en la vida de la persona. La pastilla, es para no pensar. Y no pensar evita que las personas se vuelvan subversivas, porque una persona con problemas mentales, jamás protesta, acepta todo porque tiene miedo y el miedo es lo que usan las dictaduras modernas encubiertas para dominar a las personas.
Esta es la causa por la cual, el psicoanálisis no es bien visto por los estados modernos: el psicoanálisis enseña a pensar, a manejar los procesos psíquicos inconscientes, por lo tanto, produce seguridad en la persona y anula los miedos y una persona sin miedo, habla, opina. Y esto, no interesa. 

domingo, 21 de junio de 2009

LOS SADICOS LABORALES

Con cierto afán de humor y tratando de relativizar la importancia de la cuestión, hoy hablaremos de ciertas manifestaciones de la sexualidad dentro del trabajo. Tomemos por ejemplo a los sádicos. El sadismo, se considera una perversión sexual. El sádico goza molestando y haciendo daño a aquella persona a la que ha elegido como víctima de su sadismo. Por norma general, los sádicos laborales, buscan a personas tímidas, conformistas, incapaces de quejarse y con niveles alto de tolerancia al sufrimiento. Suelen comenzar abusando de su confianza, les cargan de funciones, tratan de generarle un estrés laboral, ridiculizan en público a la persona elegida incluso hasta hacerla llorar. Luego es capaz incluso de pedirla perdón para sí comenzar de nuevo su juego sádico. Podemos decir, que su destreza consiste en apretar y llevar hasta un cierto límite el grado de tolerancia psicológica de la persona. El sádico sabe cuando debe aflojar y siempre encuentra buenas maneras para salir airoso de la situación y no generar sospecha sobre su actuación. Podemos decir, que el sádico goza “ torturando a su víctima laboral”. El sadico laboral no busca la aniquilación de la persona, ya que si así sucediese, se terminaría su disfrute y tendría que buscar una nueva víctima con la que saciar su sexualidad. La pregunta que debemos hacernos – para la próxima semana- es: por qué la víctima calla.

domingo, 22 de marzo de 2009

LA SOBERBIA DENTRO DEL TRABAJO

El narcisismo, lo podemos definir como un mecanismo de autodefensa frente a la tiranía del mundo, frente a sus ofensas, frente a lo inasible de la vida, lo inalcanzable, es decir, frente a todo aquello que hace plantearse a una persona su relación con los demás. En su justa medida, ayuda y hasta es necesario para la autoconservación y desarrollo personal, pero cuando no se legisla este narcisismo, es fácil caer en el desprecio por los otros, en la arrogancia, en el exceso de personalidad o en la soberbia.
Este tipo de actitud, se nota dentro de cualquier jerarquía empresarial. Directivos, mandos intermedios, empleados, clientes etc… En las conductas soberbias, lo que se defiende es la ideología y toda rectificación se suelen vivir como un ataque a la integridad de la persona. Por lo cual, se produce una defensa, una negación de la correción y hasta un abandono de la relación interpersonal. En su expresión más exagerada, la soberbia, supone una exhacerbación casi delirante de la idea de perfección, lo cual, le lleva a la persona a negar absolutamente sus errores y a proyectarlos sobre los demás. El soberbio, es aquel que siempre tiene alguien a quien responsabilizar de sus equivocaciones. La soberbia y la tiranía suelen ir muy próximas, porque sólo se puede mantener semejante actitud si existe una actitud tiránica que sostenga dicha soberbia. El perjuicio más grave que ocasiona este tipo de conductas es que despiertan la agresividad en las personas frente a las que ejercen el domino de su tirania. Agresividad que la mayoría de las veces suele ser silenciosa y latente pero no por ello, menos peligrosa y eficaz, en el sentido que la agresividad contenida es capaz de filtrarse y canalizarse por los lugares mas inverosímiles dentro de la empresa, mediante comportamientos disfrazados, en cuyo trasfondo se halla viva una pulsión destructura que va mellando la estructura laboral-grupal, hasta que acontece alguna gravedad: perdida de clientes, errores en la produccion, accidentes laborales, bajas por depresión o ansiedad, son la expresión y respuesta frente a la actitud soberbias de algunas personas dentro del trabajo. Sean jefes o empleados. ( continuará )

lunes, 9 de febrero de 2009

LA IMPORTANCIA DEL PERITAJE PSICOLOGICO PARA LAS EMPRESAS

Es frecuente ver la impotencia que sienten muchos empresarios cuando ven que ciertos trabajadores, “ entran en depresión y ansiedad “ se dan de baja y no hay manera de certificar si dicha baja es real o fingida. En mi experiencia como psicoanalista y perito judicial, es fácil hacer un uso secundario de una dolencia psíquica, ya sea real o fingida. Es decir, ciertas personas optan por sacar una rentabilidad a dicha dolencia, sin importarles las consecuencias laborales que pueden ocasionar a terceros.
Nos encontramos que los diagnósticos de ciertos médicos, suelen ser diagnósticos precoces, confundiendo la credibilidad con la fiabilidad de lo que el paciente muestra.
Debido a la tensión emocional con que la persona llega a la consulta, es fácil convencer al médico que sufre de ansiedad o depresión, cuando dichas patologías deben ser estudiadas con más detenimiento y valorarlas de acuerdo a una sintomatología específica junto a un estudio profundo de su historia clínica. Pero esto no es así, un paciente que dice sentirse deprimido, rápidamente se le diagnóstica depresión o una persona nerviosa, se la dice que sufre ansiedad. Todos estos juicios de atribución sin meditar ni estudiar profundamente, está produciendo un tipo de pacientes que no son tales pacientes. Una persona con personalidad depresiva no es que tenga depresión ya que la depresión es algo muy serio que produce una desestructuración importante en la vida personal y social del paciente. Pero se sigue diagnosticando de manera rápida y concluyente.
Ante esto, solo se puede optar por un peritaje psicológico, que consiste en un estudio detallado del paciente, haciendo hincapié en su historia personal junto a una batería de test psicológicos que permiten no solo cerciorar el diagnóstico, sino descubrir fingimientos que no se corresponden con la realidad.
Para llevar a cabo una pericial, lo más importante, es la experiencia del perito, pues como hemos dicho, es fácil que el paciente sugestione con su dolencia al médico o psicólogo y si el mismo no tiene mucha experiencia, acabará haciendo un diagnóstico que no es certero y a la larga puede acabar perjudicando al paciente. La manera para estudiar la veracidad o la falsedad de