La desmotivación, la apatía, el aburrimiento, la incertidumbre, la monotonía, etc., son entre muchos otros, los factores que acaban con el ánimo de muchos trabajadores. Cuando los trabajos no tienen más proyección que seguir siempre siendo igual, es fácil caer en una especie de olvido laboral, de automatizar la función o el lugar donde se trabaja. La falta de motivación, hoy por hoy son el alma negra de muchas empresas. La motivación es una energía tocada por el deseo. Y deberíamos saber que la tendencia del ser humano es a la quietud, a la pereza, al apalancamiento, al reposo absoluto, por lo tanto hay una energía que no puede venir de dentro de un trabajador, sino que debe venir de fuera. La motivación debe venir del exterior, ya que a las personas, les cuesta mucho motivarse por sí mismas. Para liderar o dirigir a personas con eficiencia, hay que tener un verdadero perfil de persona deseante, emotiva y motivante. Cuando no es así, los trabajadores funcionan como espejos: Lo que ven es lo que hacen y según lo que reciban así responden. Si una empresa no es capaz de generar la ilusión de un ideal de porvenir, difícilmente dispondrá de trabajadores deseantes, implicados en la dinámica que toda empresa necesita para crecer. Es MUY IMPORTANTE y no olvidar que para posibilitar el crecimiento de una empresa es necesario poder pensar que tiene futuro. Ilusionando a las personas bajo un ideal de crecimiento y mejora laboral, se producen sinergias laborales. Un líder tiene que creer en su empresa, para poder contagiar entusiasmo a los trabajadores. Su deseo tiene que estar en juego permanentemente, porque lo que se contagia es el deseo. La desconfianza, la apatía, la incertidumbre, el desánimo también se contagia. Cuando un grupo de persona/s no tienen ilusión, hay que plantearse si su líder o director tiene ilusión. Cuando la Jerarquía no cree o duda de la propia empresa, todas las personas que trabajen para ellos, se verán afectadas por la falta de creencia o por la duda de sus directivos. SEÑAL DE ALARMA. Donde no hay, mejor no inventar. La sinceridad es un arma mas efectiva que la mentira a la hora de ilusionar.!!! |
lunes, 27 de abril de 2009
NO HAY FUTURO SIN ILUSIONES
Etiquetas:
agresividad grupos,
coaching,
empresa,
liderazgo,
motivacion
domingo, 19 de abril de 2009
EL ORIGEN DE LAS NECESIDADES HUMANAS ( y II )
Es muy importante que aprendamos que absolutamente todas las relaciones y vínculos afectivos que se establecen entre las personas guardan relación con los patrones familiares vividos. Esto sucede mediante un complejo mecanismo psicológico llamado IDENTIFICACION. Para el niño y la niña durante la infancia y la adolescencia, los padres y los hermanos junto a familiares de segundo orden- tíos, abuelos, primos- son los primeros modelos de lo que son los hombres y las mujeres y también son las primeras personas hacia las que se despiertan sentimientos y afectos. Tal es así que según la relación de amorodio que hayamos tenido con nuestros familiares, así luego nos relacionaremos con el mundo. El 80 % de los hombres que se llevaron mal con su padre en la infancia o con algún hermano varón, acaban llevándose mal en su vida adulta con otros hombres de su entorno- laboral y/o personal. Un 97 % de las mujeres que se llevaron mal en la infancia con su madre o hermana, luego en su vida adulta, lo reflejan en sus relaciones con otras mujeres mediante una hostilidad o rivalidad manifiesta. Con esto quiero decir que los comportamientos infantiles que vemos en muchos adultos dentro del trabajo o en la vida cotidiana, tiene que ver con una conducta infantil que no han logrado madurar y que se desplaza a situaciones de su vida adulta. Si entendemos esto, vamos a entender muchas de las situaciones o conflictos dentro del ambiente laboral y/o social de las personas. Siempre que dos personas se enfrenta, rivalizan, se agreden, se desean, se aman, se odian, etc.. es porque se recuerdan mutuamente a alguna circunstancia conocida de su vida familiar. Nos caen bien o mal las personas según nos recuerden a alguien cercano de nuestra vida laboral y/o entorno personal. Todo esto sucede de manera inconsciente sin que nos demos cuenta de ello. Por esto mismo, es fundamental tener los instrumentos de lectura adecuados poder DIAGNOSTICAR este tipo de situaciones y poder abordarlas de manera adecuada, porque si no, nunca entenderemos porqué las personas se llevan bien o se llevan fatal entre ellas.
Etiquetas:
cultura empresarial,
psicoanalisis grupos,
recursos humanos
domingo, 12 de abril de 2009
EL ORIGEN DE LAS NECESIDADES HUMANAS ( I )
Por mucho que cueste admitirlo, el ser humano necesita de otros seres humanos para vivir en sociedad. Un hombre solo no puede nada. Dice el Dr. Miguel Oscar Menassa, que el poder de un hombre, son sus relaciones sociales. Las diferencias entre una vida y otra, depende del grado de interación que una persona tiene con lo social. Tal es así que las personas sociables, tienen una vida mucho más atractiva que aquellas que no lo son. La pregunta que uno debe hacerse a sí mismo es sobre las causas inconscientes que llevan a una persona a no querer relacionarse o relacionarse mal en la vida con otros semejantes. Poderosas fuerzas inconscientes, determinan el modo de vivir y de trabajar del hombre, el cual no deja de ser más que un esclavo de sus pasiones. Todo rechazo al mundo, a relacionarse, a mantener un orden de equilibrio emocional con los demás, está dictaminado por la relación que toda persona tiene con sus propios fantasmas emocionales. Existe una importante relación entre el desarrollo emocional del adulto y el camino recorrido desde la etapa infanto-juvenil hasta la edad madura. Tal es así, que según el modo en que fueron establecidas las primeras relaciones afectivas en la infancia, influirá poderosamente en el modo de relacionarse del sujeto adulto. Es frecuente ver explosiones afectivas y emocionales en casi todas las personas maduras que bien nos recuerdan a la actitud de los niños pequeños. Podemos afirmar que el hombre vive acompañado toda su vida de aquello que conformó sus primeras relaciones con el mundo: la familia.
La familia es determinante en el desarrollo de la personalidad y en el equilibrio psicoemocional del hombre. Los lazos emocionales que se establecen perduran incluso más allá de la muerte. No se puede pensar ninguna relación del hombre adulto con la sociedad si previamente no se tiene estudiado la relación inicial que mantuvo con las figuras familiares. Todos los trastornos emocionales, afectivos y económicos del adulto, guarda una íntima relación con el modo de renuncia o aceptación de los vinculos familiares establecidos en la estapa infantil.
La familia es determinante en el desarrollo de la personalidad y en el equilibrio psicoemocional del hombre. Los lazos emocionales que se establecen perduran incluso más allá de la muerte. No se puede pensar ninguna relación del hombre adulto con la sociedad si previamente no se tiene estudiado la relación inicial que mantuvo con las figuras familiares. Todos los trastornos emocionales, afectivos y económicos del adulto, guarda una íntima relación con el modo de renuncia o aceptación de los vinculos familiares establecidos en la estapa infantil.
Etiquetas:
cultura empresarial,
grupos,
necesidades humanas,
psicoanalisis,
sociedad
domingo, 5 de abril de 2009
NADA ES CASUAL
Las funciones fallidas, o sea, el olvido ocasional de palabras, nombres, ciertos propósitos, equivocaciones orales, en la lectura, el extravío de objetos, la pérdida de los mismos, determinados errores contrarios a nuestros conocimientos, algunos gestos o movimientos habituales, todo esto que reunimos bajo el nombre común de funciones fallidas del hombre sano y normal, ha sido, en general, poco atendido por la Psicología, atribuyéndose a la distracción y considerándose derivado de la fatiga, la falta de atención o al afecto de ciertos leves estados patológicos. La investigación analítica ha demostrado que las funciones fallidas son verdaderos fenómenos psíquicos y entrañan siempre un sentido y una tendencia, constituyendo la expresión de una determinada intención, que a consecuencia de la situación psicológica dada no encuentran otro medio de exteriorizarse. Tal situación, es, por lo general, la correspondiente a un conflicto psíquico privado de su expresión directa y que ha buscado un camino indirecto para expresarse. La persona que comete el acto fallido puede darse cuenta de él y puede separadamente conocer la tendencia reprimida que en su fondo existe, pero hasta que el psicoanálisis se lo revela, ignora casi siempre, la relación causal existente entre la tendencia y el acto.
Los motivos que con más frecuencia nos mueven a reprimir una intención, obligándola a manifestarse mediante la expresión directa en un acto fallido, es la evitar el displacer o malestar. Por ejemplo, olvidamos el nombre de una persona cuyo recuerdo nos produce malestar. Perdemos un objeto cuando nos hemos enemistado con la persona a la cual nos recuerda o que nos lo regaló. Perdemos el tren o tomamos un camino equivocado cuando vamos a disgusto a un lugar, etc.. La memoria es muy parcial y tiene una gran disposición a excluir de la misma la reproducción de todo aquello que va unido a un sentimiento penoso, aunque no siempre lo consiga.
A veces, un acto fallido es dificil de comprender, a causa de la intervención de un proceso llamado " desplazamiento". Por ejemplo, olvidamos el nombre de una persona contra la cual nada tenemos, pero asociativamente guarda relación con el nombre de otra persona con la cual sentimos malestar. El olvido del nombre de la persona inocente escondía la intención de olvidar el nombre parecido o semejante de otra persona hacia la cual sentimos algún tipo de afecto.
La pérdida de objetos no constituye casi nunca una casualidad y que dicha torpeza no es muchas veces sino un disfraz de intenciones ocultas. El psicoanálisis descubre como detrás de algo que le sucede a la persona, se hallaba una intencionalidad inconfesada de la propia voluntad, incluso en accidentes graves que son adscritos a la casualidad. Este hallazgo del psicoanálisis viene ha hacer aún más espinosa la diferenciación entre la muerte por accidente y el suicidio inconsciente.
Los motivos que con más frecuencia nos mueven a reprimir una intención, obligándola a manifestarse mediante la expresión directa en un acto fallido, es la evitar el displacer o malestar. Por ejemplo, olvidamos el nombre de una persona cuyo recuerdo nos produce malestar. Perdemos un objeto cuando nos hemos enemistado con la persona a la cual nos recuerda o que nos lo regaló. Perdemos el tren o tomamos un camino equivocado cuando vamos a disgusto a un lugar, etc.. La memoria es muy parcial y tiene una gran disposición a excluir de la misma la reproducción de todo aquello que va unido a un sentimiento penoso, aunque no siempre lo consiga.
A veces, un acto fallido es dificil de comprender, a causa de la intervención de un proceso llamado " desplazamiento". Por ejemplo, olvidamos el nombre de una persona contra la cual nada tenemos, pero asociativamente guarda relación con el nombre de otra persona con la cual sentimos malestar. El olvido del nombre de la persona inocente escondía la intención de olvidar el nombre parecido o semejante de otra persona hacia la cual sentimos algún tipo de afecto.
La pérdida de objetos no constituye casi nunca una casualidad y que dicha torpeza no es muchas veces sino un disfraz de intenciones ocultas. El psicoanálisis descubre como detrás de algo que le sucede a la persona, se hallaba una intencionalidad inconfesada de la propia voluntad, incluso en accidentes graves que son adscritos a la casualidad. Este hallazgo del psicoanálisis viene ha hacer aún más espinosa la diferenciación entre la muerte por accidente y el suicidio inconsciente.
Etiquetas:
equivocaciones,
errores,
grupos psicoanalisis,
lapsus
domingo, 22 de marzo de 2009
LA SOBERBIA DENTRO DEL TRABAJO
El narcisismo, lo podemos definir como un mecanismo de autodefensa frente a la tiranía del mundo, frente a sus ofensas, frente a lo inasible de la vida, lo inalcanzable, es decir, frente a todo aquello que hace plantearse a una persona su relación con los demás. En su justa medida, ayuda y hasta es necesario para la autoconservación y desarrollo personal, pero cuando no se legisla este narcisismo, es fácil caer en el desprecio por los otros, en la arrogancia, en el exceso de personalidad o en la soberbia.
Este tipo de actitud, se nota dentro de cualquier jerarquía empresarial. Directivos, mandos intermedios, empleados, clientes etc… En las conductas soberbias, lo que se defiende es la ideología y toda rectificación se suelen vivir como un ataque a la integridad de la persona. Por lo cual, se produce una defensa, una negación de la correción y hasta un abandono de la relación interpersonal. En su expresión más exagerada, la soberbia, supone una exhacerbación casi delirante de la idea de perfección, lo cual, le lleva a la persona a negar absolutamente sus errores y a proyectarlos sobre los demás. El soberbio, es aquel que siempre tiene alguien a quien responsabilizar de sus equivocaciones. La soberbia y la tiranía suelen ir muy próximas, porque sólo se puede mantener semejante actitud si existe una actitud tiránica que sostenga dicha soberbia. El perjuicio más grave que ocasiona este tipo de conductas es que despiertan la agresividad en las personas frente a las que ejercen el domino de su tirania. Agresividad que la mayoría de las veces suele ser silenciosa y latente pero no por ello, menos peligrosa y eficaz, en el sentido que la agresividad contenida es capaz de filtrarse y canalizarse por los lugares mas inverosímiles dentro de la empresa, mediante comportamientos disfrazados, en cuyo trasfondo se halla viva una pulsión destructura que va mellando la estructura laboral-grupal, hasta que acontece alguna gravedad: perdida de clientes, errores en la produccion, accidentes laborales, bajas por depresión o ansiedad, son la expresión y respuesta frente a la actitud soberbias de algunas personas dentro del trabajo. Sean jefes o empleados. ( continuará )
Este tipo de actitud, se nota dentro de cualquier jerarquía empresarial. Directivos, mandos intermedios, empleados, clientes etc… En las conductas soberbias, lo que se defiende es la ideología y toda rectificación se suelen vivir como un ataque a la integridad de la persona. Por lo cual, se produce una defensa, una negación de la correción y hasta un abandono de la relación interpersonal. En su expresión más exagerada, la soberbia, supone una exhacerbación casi delirante de la idea de perfección, lo cual, le lleva a la persona a negar absolutamente sus errores y a proyectarlos sobre los demás. El soberbio, es aquel que siempre tiene alguien a quien responsabilizar de sus equivocaciones. La soberbia y la tiranía suelen ir muy próximas, porque sólo se puede mantener semejante actitud si existe una actitud tiránica que sostenga dicha soberbia. El perjuicio más grave que ocasiona este tipo de conductas es que despiertan la agresividad en las personas frente a las que ejercen el domino de su tirania. Agresividad que la mayoría de las veces suele ser silenciosa y latente pero no por ello, menos peligrosa y eficaz, en el sentido que la agresividad contenida es capaz de filtrarse y canalizarse por los lugares mas inverosímiles dentro de la empresa, mediante comportamientos disfrazados, en cuyo trasfondo se halla viva una pulsión destructura que va mellando la estructura laboral-grupal, hasta que acontece alguna gravedad: perdida de clientes, errores en la produccion, accidentes laborales, bajas por depresión o ansiedad, son la expresión y respuesta frente a la actitud soberbias de algunas personas dentro del trabajo. Sean jefes o empleados. ( continuará )
Etiquetas:
empresa,
grupos psicoanalisis,
mobbing,
narcisismo,
soberbia,
tirania
martes, 10 de marzo de 2009
La Gestion Emocional en los Grupos de Trabajo
| Estamos metidos de lleno en la era de la Gestión de Competencias Genéricas- valor humano- y aquel que no aprenda a gestionar grupos de trabajo y a interpretar todos el abundante material que aflora en los mismos, estará desperdiciando el enorme potencial que tienen los grupos de trabajo. Hay una mirada ciega – ideológica- sobre las personas, en el sentido, que no se ve más allá de ciertos modelos ideológicos con los cuales se observa el mundo. Esta mirada ciega, hace que no se vean diferencias, a mi entender, causa de toda riqueza. Pensar de la misma manera, a la larga, termina trayendo consecuencias empobrecedoras. La pregunta debe recaer sobre Dirección y Recursos Humanos. Cualquier empresa no deja de ser una cadena de transmisión, eslabones unidos, que conducen la energía desde el primero al último. La fuerza aparece en esa integridad, es esa fortaleza que une que es el valor de lo humano. Las personas, se mueven por sentimientos y afectos ambiguos, contradictorios, opositores, favorecedores. Una amalgama donde se decide la efectividad o no de cualquier grupo de trabajo. Lo interesante es que la empresa elige a sus empleados y cierta disposición inconsciente puede ser la causa de una mayor certeza o fracaso a la hora de elegir. Disposición inconsciente que está tocada desde el llamado complejo de culpabilidad, las tendencias masoquistas, narcisistas o sádicas. Siendo así que se puede montar una empresa o elegir a grupos de persona para sufrir, para fracasar, para triunfar. El deseo inconsciente, yace detrás de todo esto. Con respecto a los grupos de trabajo, previamente elegidos, el deseo de sus integrantes también funciona a favor o en contra. Y dicho deseo inconsciente, la mayoría de las veces es alimentado por las propias estructuras jerárquicas. Todo lo que pasa con los empleados guarda una relación directamente proporcional con lo que les pasa a los Jerarcas. Para la gestión por competencias genéricas, se debe empezar por un análisis exhaustivo de la cultura de una empresa. Debemos comenzar por la base y desde ahí, haciendo un estudio correlativo de toda la cadena, veremos por donde se pierde la fuerza. |
Etiquetas:
gestion por competencias,
grupos psicoanalisis
martes, 24 de febrero de 2009
LAS BASES DEL CONTRATO EMOCIONAL
Un contrato emocional está encaminado a producir o garantizar un estado anímico relacionado con el bienestar y sus cláusulas deben evitar todo aquello que produzca malestar laboral.
Cuando se produce algún tipo de malestar que se acrecienta y/o que se mantiene en el tiempo, puede romper el bienestar y entonces podemos decir que el contrato pierde su vigencia para dejar de ser funcional y transformarse antifuncional e insalubre.
Por economía psíquica, definimos al conjunto de procesos anímicos regulados por el principio del placer. Dicho principio psíquico interviene para aminorar la tensión de todo aquello que provoca malestar o displacer y evitar lo que llamamos “ sufrimiento “.
Económicamente hablando, todo aquello que provoca malestar, tensión o sufrimiento, puede llegar a disminuir la capacidad intelectual y productiva de cualquier ser humano, ya sea en lo laboral o en lo personal.
Vamos a tratar de explicar estos conceptos tan fundamentales para entender la base sobre la cual se sostiene el contrato emocional o afectivo.
Relacionaremos el placer y el displacer con aquello que provoca excitación o inquietud en nuestro estado de ánimo.
El displacer o malestar corresponde con una elevación de dicha excitación y el placer o bienestar con una disminución de dicha tensión.
Más que una relación con sensaciones, el factor decisivo es el aumento o disminución de dicha medida de excitación en el tiempo. Es decir, ciertas tensiones personales y/o laborables, provocan malestar porque se acumulan durante un tiempo y el no poder aminorarlas acaban produciendo perturbación anímica.
G.Th.Fechner afirma que nuestra conciencia se halla revestida de placer cuanto más se acerca a la completa estabilidad o de malestar cuanto más se aleja de la misma. Podríamos hablar de un límite intermedio entre el bienestar y el malestar al cual denominamos: indiferencia.
Debemos señalar que la tendencia humana es a mantener nuestro cerebro con el mínimo nivel de tensiones y si no hubiesen otras fuerzas que se oponen a dicha tendencia, podría ser hasta peligroso para nuestra autorrealización, ya que no podríamos hacer frente a las dificultades del mundo exterior.
Nuestro instinto de conservación nos lleva a aceptar en parte la realidad y si bien no podemos eliminar todo aquello que nos produce malestar, somos capaces de tolerar un cierto grado de malestar o insatisfacción para llegar al encuentro con lo que ansiamos y que nos producirá placer.
El contrato emocional se establece para obtener una tranquilidad y estabilidad pero a su vez, para tolerar un grado de tensión laboral que a la larga producirá bienestar.
Todo contrato emocional, moral o afectivo, suele ejercer cierta presión sobre la persona para que lejos de acomodarse en su posición laboral y/o personas, produzca un grado de tensión que la obligue a mejorar y producir más para la empresa y ella misma. Este grado de insatisfacción ayuda a que el trabajador tenga una actitud más deseante. La falta de motivación que tanto se achaca a los Funcionarios puede ser debido a la situación de extrema estabilidad que tienen, la cual puede llegar a aminorar su deseo por su labor, de manera que trabajan para lo justo y necesario de su función. Circunstancia por la que a veces es difícil exigirles mayor productividad. Esto nos lleva a plantearnos que en algunos sistemas laborales el contrato emocional se establece no en relación al principio de realidad, sino en relación al principio del placer, es decir, trabajar con el mínimo esfuerzo.
El establecimiento del contrato emocional da asiento a las bases de la productividad con el capital humano. Será la necesidad la que teóricamente haga moverse al trabajador cuando la realidad llame a su puerta. Un bienestar con el tiempo puede convertirse en algo caduco que requiera una reestructuración hacia nuevos bienestares. Esta circunstancia nos hace pensar que las bases del contrato emocional están sostenidas por algo tan dinámico y evolutivo como es el equilibrio entre dos fuerzas que son el principio del placer y el de realidad. Equilibrio que a su vez nunca goza de equilibrio. Son sus desequilibrios y el afán de conquista del equilibrio lo que da originalidad a cualquier emoción humana.
Cuando se produce algún tipo de malestar que se acrecienta y/o que se mantiene en el tiempo, puede romper el bienestar y entonces podemos decir que el contrato pierde su vigencia para dejar de ser funcional y transformarse antifuncional e insalubre.
Por economía psíquica, definimos al conjunto de procesos anímicos regulados por el principio del placer. Dicho principio psíquico interviene para aminorar la tensión de todo aquello que provoca malestar o displacer y evitar lo que llamamos “ sufrimiento “.
Económicamente hablando, todo aquello que provoca malestar, tensión o sufrimiento, puede llegar a disminuir la capacidad intelectual y productiva de cualquier ser humano, ya sea en lo laboral o en lo personal.
Vamos a tratar de explicar estos conceptos tan fundamentales para entender la base sobre la cual se sostiene el contrato emocional o afectivo.
Relacionaremos el placer y el displacer con aquello que provoca excitación o inquietud en nuestro estado de ánimo.
El displacer o malestar corresponde con una elevación de dicha excitación y el placer o bienestar con una disminución de dicha tensión.
Más que una relación con sensaciones, el factor decisivo es el aumento o disminución de dicha medida de excitación en el tiempo. Es decir, ciertas tensiones personales y/o laborables, provocan malestar porque se acumulan durante un tiempo y el no poder aminorarlas acaban produciendo perturbación anímica.
G.Th.Fechner afirma que nuestra conciencia se halla revestida de placer cuanto más se acerca a la completa estabilidad o de malestar cuanto más se aleja de la misma. Podríamos hablar de un límite intermedio entre el bienestar y el malestar al cual denominamos: indiferencia.
Debemos señalar que la tendencia humana es a mantener nuestro cerebro con el mínimo nivel de tensiones y si no hubiesen otras fuerzas que se oponen a dicha tendencia, podría ser hasta peligroso para nuestra autorrealización, ya que no podríamos hacer frente a las dificultades del mundo exterior.
Nuestro instinto de conservación nos lleva a aceptar en parte la realidad y si bien no podemos eliminar todo aquello que nos produce malestar, somos capaces de tolerar un cierto grado de malestar o insatisfacción para llegar al encuentro con lo que ansiamos y que nos producirá placer.
El contrato emocional se establece para obtener una tranquilidad y estabilidad pero a su vez, para tolerar un grado de tensión laboral que a la larga producirá bienestar.
Todo contrato emocional, moral o afectivo, suele ejercer cierta presión sobre la persona para que lejos de acomodarse en su posición laboral y/o personas, produzca un grado de tensión que la obligue a mejorar y producir más para la empresa y ella misma. Este grado de insatisfacción ayuda a que el trabajador tenga una actitud más deseante. La falta de motivación que tanto se achaca a los Funcionarios puede ser debido a la situación de extrema estabilidad que tienen, la cual puede llegar a aminorar su deseo por su labor, de manera que trabajan para lo justo y necesario de su función. Circunstancia por la que a veces es difícil exigirles mayor productividad. Esto nos lleva a plantearnos que en algunos sistemas laborales el contrato emocional se establece no en relación al principio de realidad, sino en relación al principio del placer, es decir, trabajar con el mínimo esfuerzo.
El establecimiento del contrato emocional da asiento a las bases de la productividad con el capital humano. Será la necesidad la que teóricamente haga moverse al trabajador cuando la realidad llame a su puerta. Un bienestar con el tiempo puede convertirse en algo caduco que requiera una reestructuración hacia nuevos bienestares. Esta circunstancia nos hace pensar que las bases del contrato emocional están sostenidas por algo tan dinámico y evolutivo como es el equilibrio entre dos fuerzas que son el principio del placer y el de realidad. Equilibrio que a su vez nunca goza de equilibrio. Son sus desequilibrios y el afán de conquista del equilibrio lo que da originalidad a cualquier emoción humana.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)