domingo, 12 de abril de 2009

EL ORIGEN DE LAS NECESIDADES HUMANAS ( I )

Por mucho que cueste admitirlo, el ser humano necesita de otros seres humanos para vivir en sociedad. Un hombre solo no puede nada. Dice el Dr. Miguel Oscar Menassa, que el poder de un hombre, son sus relaciones sociales. Las diferencias entre una vida y otra, depende del grado de interación que una persona tiene con lo social. Tal es así que las personas sociables, tienen una vida mucho más atractiva que aquellas que no lo son. La pregunta que uno debe hacerse a sí mismo es sobre las causas inconscientes que llevan a una persona a no querer relacionarse o relacionarse mal en la vida con otros semejantes. Poderosas fuerzas inconscientes, determinan el modo de vivir y de trabajar del hombre, el cual no deja de ser más que un esclavo de sus pasiones. Todo rechazo al mundo, a relacionarse, a mantener un orden de equilibrio emocional con los demás, está dictaminado por la relación que toda persona tiene con sus propios fantasmas emocionales. Existe una importante relación entre el desarrollo emocional del adulto y el camino recorrido desde la etapa infanto-juvenil hasta la edad madura. Tal es así, que según el modo en que fueron establecidas las primeras relaciones afectivas en la infancia, influirá poderosamente en el modo de relacionarse del sujeto adulto. Es frecuente ver explosiones afectivas y emocionales en casi todas las personas maduras que bien nos recuerdan a la actitud de los niños pequeños. Podemos afirmar que el hombre vive acompañado toda su vida de aquello que conformó sus primeras relaciones con el mundo: la familia.
La familia es determinante en el desarrollo de la personalidad y en el equilibrio psicoemocional del hombre. Los lazos emocionales que se establecen perduran incluso más allá de la muerte. No se puede pensar ninguna relación del hombre adulto con la sociedad si previamente no se tiene estudiado la relación inicial que mantuvo con las figuras familiares. Todos los trastornos emocionales, afectivos y económicos del adulto, guarda una íntima relación con el modo de renuncia o aceptación de los vinculos familiares establecidos en la estapa infantil.

domingo, 5 de abril de 2009

NADA ES CASUAL

Las funciones fallidas, o sea, el olvido ocasional de palabras, nombres, ciertos propósitos, equivocaciones orales, en la lectura, el extravío de objetos, la pérdida de los mismos, determinados errores contrarios a nuestros conocimientos, algunos gestos o movimientos habituales, todo esto que reunimos bajo el nombre común de funciones fallidas del hombre sano y normal, ha sido, en general, poco atendido por la Psicología, atribuyéndose a la distracción y considerándose derivado de la fatiga, la falta de atención o al afecto de ciertos leves estados patológicos. La investigación analítica ha demostrado que las funciones fallidas son verdaderos fenómenos psíquicos y entrañan siempre un sentido y una tendencia, constituyendo la expresión de una determinada intención, que a consecuencia de la situación psicológica dada no encuentran otro medio de exteriorizarse. Tal situación, es, por lo general, la correspondiente a un conflicto psíquico privado de su expresión directa y que ha buscado un camino indirecto para expresarse. La persona que comete el acto fallido puede darse cuenta de él y puede separadamente conocer la tendencia reprimida que en su fondo existe, pero hasta que el psicoanálisis se lo revela, ignora casi siempre, la relación causal existente entre la tendencia y el acto.
Los motivos que con más frecuencia nos mueven a reprimir una intención, obligándola a manifestarse mediante la expresión directa en un acto fallido, es la evitar el displacer o malestar. Por ejemplo, olvidamos el nombre de una persona cuyo recuerdo nos produce malestar. Perdemos un objeto cuando nos hemos enemistado con la persona a la cual nos recuerda o que nos lo regaló. Perdemos el tren o tomamos un camino equivocado cuando vamos a disgusto a un lugar, etc.. La memoria es muy parcial y tiene una gran disposición a excluir de la misma la reproducción de todo aquello que va unido a un sentimiento penoso, aunque no siempre lo consiga.
A veces, un acto fallido es dificil de comprender, a causa de la intervención de un proceso llamado " desplazamiento". Por ejemplo, olvidamos el nombre de una persona contra la cual nada tenemos, pero asociativamente guarda relación con el nombre de otra persona con la cual sentimos malestar. El olvido del nombre de la persona inocente escondía la intención de olvidar el nombre parecido o semejante de otra persona hacia la cual sentimos algún tipo de afecto.
La pérdida de objetos no constituye casi nunca una casualidad y que dicha torpeza no es muchas veces sino un disfraz de intenciones ocultas. El psicoanálisis descubre como detrás de algo que le sucede a la persona, se hallaba una intencionalidad inconfesada de la propia voluntad, incluso en accidentes graves que son adscritos a la casualidad. Este hallazgo del psicoanálisis viene ha hacer aún más espinosa la diferenciación entre la muerte por accidente y el suicidio inconsciente.

domingo, 22 de marzo de 2009

LA SOBERBIA DENTRO DEL TRABAJO

El narcisismo, lo podemos definir como un mecanismo de autodefensa frente a la tiranía del mundo, frente a sus ofensas, frente a lo inasible de la vida, lo inalcanzable, es decir, frente a todo aquello que hace plantearse a una persona su relación con los demás. En su justa medida, ayuda y hasta es necesario para la autoconservación y desarrollo personal, pero cuando no se legisla este narcisismo, es fácil caer en el desprecio por los otros, en la arrogancia, en el exceso de personalidad o en la soberbia.
Este tipo de actitud, se nota dentro de cualquier jerarquía empresarial. Directivos, mandos intermedios, empleados, clientes etc… En las conductas soberbias, lo que se defiende es la ideología y toda rectificación se suelen vivir como un ataque a la integridad de la persona. Por lo cual, se produce una defensa, una negación de la correción y hasta un abandono de la relación interpersonal. En su expresión más exagerada, la soberbia, supone una exhacerbación casi delirante de la idea de perfección, lo cual, le lleva a la persona a negar absolutamente sus errores y a proyectarlos sobre los demás. El soberbio, es aquel que siempre tiene alguien a quien responsabilizar de sus equivocaciones. La soberbia y la tiranía suelen ir muy próximas, porque sólo se puede mantener semejante actitud si existe una actitud tiránica que sostenga dicha soberbia. El perjuicio más grave que ocasiona este tipo de conductas es que despiertan la agresividad en las personas frente a las que ejercen el domino de su tirania. Agresividad que la mayoría de las veces suele ser silenciosa y latente pero no por ello, menos peligrosa y eficaz, en el sentido que la agresividad contenida es capaz de filtrarse y canalizarse por los lugares mas inverosímiles dentro de la empresa, mediante comportamientos disfrazados, en cuyo trasfondo se halla viva una pulsión destructura que va mellando la estructura laboral-grupal, hasta que acontece alguna gravedad: perdida de clientes, errores en la produccion, accidentes laborales, bajas por depresión o ansiedad, son la expresión y respuesta frente a la actitud soberbias de algunas personas dentro del trabajo. Sean jefes o empleados. ( continuará )

martes, 10 de marzo de 2009

La Gestion Emocional en los Grupos de Trabajo

Estamos metidos de lleno en la era de la Gestión de Competencias Genéricas- valor humano- y aquel que no aprenda a gestionar grupos de trabajo y a interpretar todos el abundante material que aflora en los mismos, estará desperdiciando el enorme potencial que tienen los grupos de trabajo.
Hay una mirada ciega – ideológica- sobre las personas, en el sentido, que no se ve más allá de ciertos modelos ideológicos con los cuales se observa el mundo. Esta mirada ciega, hace que no se vean diferencias, a mi entender, causa de toda riqueza. Pensar de la misma manera, a la larga, termina trayendo consecuencias empobrecedoras.
La pregunta debe recaer sobre Dirección y Recursos Humanos. Cualquier empresa no deja de ser una cadena de transmisión, eslabones unidos, que conducen la energía desde el primero al último. La fuerza aparece en esa integridad, es esa fortaleza que une que es el valor de lo humano. Las personas, se mueven por sentimientos y afectos ambiguos, contradictorios, opositores, favorecedores. Una amalgama donde se decide la efectividad o no de cualquier grupo de trabajo.
Lo interesante es que la empresa elige a sus empleados y cierta disposición inconsciente puede ser la causa de una mayor certeza o fracaso a la hora de elegir. Disposición inconsciente que está tocada desde el llamado complejo de culpabilidad, las tendencias masoquistas, narcisistas o sádicas. Siendo así que se puede montar una empresa o elegir a grupos de persona para sufrir, para fracasar, para triunfar. El deseo inconsciente, yace detrás de todo esto.
Con respecto a los grupos de trabajo, previamente elegidos, el deseo de sus integrantes también funciona a favor o en contra. Y dicho deseo inconsciente, la mayoría de las veces es alimentado por las propias estructuras jerárquicas. Todo lo que pasa con los empleados guarda una relación directamente proporcional con lo que les pasa a los Jerarcas. Para la gestión por competencias genéricas, se debe empezar por un análisis exhaustivo de la cultura de una empresa. Debemos comenzar por la base y desde ahí, haciendo un estudio correlativo de toda la cadena, veremos por donde se pierde la fuerza.

martes, 24 de febrero de 2009

LAS BASES DEL CONTRATO EMOCIONAL

Un contrato emocional está encaminado a producir o garantizar un estado anímico relacionado con el bienestar y sus cláusulas deben evitar todo aquello que produzca malestar laboral.
Cuando se produce algún tipo de malestar que se acrecienta y/o que se mantiene en el tiempo, puede romper el bienestar y entonces podemos decir que el contrato pierde su vigencia para dejar de ser funcional y transformarse antifuncional e insalubre.
Por economía psíquica, definimos al conjunto de procesos anímicos regulados por el principio del placer. Dicho principio psíquico interviene para aminorar la tensión de todo aquello que provoca malestar o displacer y evitar lo que llamamos “ sufrimiento “.
Económicamente hablando, todo aquello que provoca malestar, tensión o sufrimiento, puede llegar a disminuir la capacidad intelectual y productiva de cualquier ser humano, ya sea en lo laboral o en lo personal.
Vamos a tratar de explicar estos conceptos tan fundamentales para entender la base sobre la cual se sostiene el contrato emocional o afectivo.
Relacionaremos el placer y el displacer con aquello que provoca excitación o inquietud en nuestro estado de ánimo.
El displacer o malestar corresponde con una elevación de dicha excitación y el placer o bienestar con una disminución de dicha tensión.
Más que una relación con sensaciones, el factor decisivo es el aumento o disminución de dicha medida de excitación en el tiempo. Es decir, ciertas tensiones personales y/o laborables, provocan malestar porque se acumulan durante un tiempo y el no poder aminorarlas acaban produciendo perturbación anímica.
G.Th.Fechner afirma que nuestra conciencia se halla revestida de placer cuanto más se acerca a la completa estabilidad o de malestar cuanto más se aleja de la misma. Podríamos hablar de un límite intermedio entre el bienestar y el malestar al cual denominamos: indiferencia.
Debemos señalar que la tendencia humana es a mantener nuestro cerebro con el mínimo nivel de tensiones y si no hubiesen otras fuerzas que se oponen a dicha tendencia, podría ser hasta peligroso para nuestra autorrealización, ya que no podríamos hacer frente a las dificultades del mundo exterior.
Nuestro instinto de conservación nos lleva a aceptar en parte la realidad y si bien no podemos eliminar todo aquello que nos produce malestar, somos capaces de tolerar un cierto grado de malestar o insatisfacción para llegar al encuentro con lo que ansiamos y que nos producirá placer.
El contrato emocional se establece para obtener una tranquilidad y estabilidad pero a su vez, para tolerar un grado de tensión laboral que a la larga producirá bienestar.
Todo contrato emocional, moral o afectivo, suele ejercer cierta presión sobre la persona para que lejos de acomodarse en su posición laboral y/o personas, produzca un grado de tensión que la obligue a mejorar y producir más para la empresa y ella misma. Este grado de insatisfacción ayuda a que el trabajador tenga una actitud más deseante. La falta de motivación que tanto se achaca a los Funcionarios puede ser debido a la situación de extrema estabilidad que tienen, la cual puede llegar a aminorar su deseo por su labor, de manera que trabajan para lo justo y necesario de su función. Circunstancia por la que a veces es difícil exigirles mayor productividad. Esto nos lleva a plantearnos que en algunos sistemas laborales el contrato emocional se establece no en relación al principio de realidad, sino en relación al principio del placer, es decir, trabajar con el mínimo esfuerzo.
El establecimiento del contrato emocional da asiento a las bases de la productividad con el capital humano. Será la necesidad la que teóricamente haga moverse al trabajador cuando la realidad llame a su puerta. Un bienestar con el tiempo puede convertirse en algo caduco que requiera una reestructuración hacia nuevos bienestares. Esta circunstancia nos hace pensar que las bases del contrato emocional están sostenidas por algo tan dinámico y evolutivo como es el equilibrio entre dos fuerzas que son el principio del placer y el de realidad. Equilibrio que a su vez nunca goza de equilibrio. Son sus desequilibrios y el afán de conquista del equilibrio lo que da originalidad a cualquier emoción humana.

martes, 17 de febrero de 2009

ALGUNOS ASPECTOS SOBRE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

Freud ya dijo: “ lo más caro para el hombre, es la tontería y la enfermedad.” Con ello, nos quiso decir que si hablamos de tontería, hablamos de neurosis y si hablamos de enfermedad, hablamos de contradicciones emocionales y afectivas.
Todos hemos comprobado en nosotros mismos que nuestra inteligencia y capacidad vital puede aminorarse hasta el punto de perderse bajo el peso de sentimientos o afectos que la persona no puede manejar. Jueces que pierden el control por el demonio de los celos, médicos que la envidia les lleva a aminorar su capacidad de trabajo, ejecutivos que el amor les lleva a perder fuertes sumas de dinero, hombres, mujeres sometidos a la servidumbre del sexo son capaces de romper con la pareja, la familia, los hijos…
Es decir, seguimos siendo víctimas de nuestros sentimientos. Aquel que nunca sufrió por afectos no es humano. Por lo tanto, si de sufrir se trata, siempre hay una causa afectiva o emocional que lo justifica.
Cuando hablamos de inteligencia emocional, no nos estamos refiriendo al uso de los sentimientos para ser más inteligentes, sino a mantener a distancia los sentimientos frente a todo aquello de nuestra vida donde se nos requiere inteligencia. Por eso mismo, no se puede hablar de inteligencia si previamente no se gestionan las emociones y gestionar es manejar, entender, legislar. Una vez que producimos todo esto, es cuando la inteligencia puede aflorar, desarrollarse y expandirse.
Siempre que encontremos un conflicto entre personas, detengámonos para escuchar qué sentimiento o afecto es el que ha producido dicho conflicto y cien por cien de seguridad, encontraremos celos, envidia, amor, odio, deseo sexual, narcisismo exacerbado, sadismo, masoquismo y un sinfín de sentimientos mas que pueden llegar hasta unos cien. Si al cabo del día experimentamos mas de 50 estados anímicos diferentes ( triste, alegre, decaído, decepcionado, deseoso, amoroso, odioso, etc… ) según el estado que nos pille en el momento del día así será mayor o menos nuestra inteligencia. Y si uno se pregunta cómo gestionar todos sus sentimientos, es porque todavía es un desconocido de si mismo, lo cual es pauta para comenzar un psicoanálisis y entender todo aquello que a uno le empobrece como ser humano.

lunes, 9 de febrero de 2009

LA IMPORTANCIA DEL PERITAJE PSICOLOGICO PARA LAS EMPRESAS

Es frecuente ver la impotencia que sienten muchos empresarios cuando ven que ciertos trabajadores, “ entran en depresión y ansiedad “ se dan de baja y no hay manera de certificar si dicha baja es real o fingida. En mi experiencia como psicoanalista y perito judicial, es fácil hacer un uso secundario de una dolencia psíquica, ya sea real o fingida. Es decir, ciertas personas optan por sacar una rentabilidad a dicha dolencia, sin importarles las consecuencias laborales que pueden ocasionar a terceros.
Nos encontramos que los diagnósticos de ciertos médicos, suelen ser diagnósticos precoces, confundiendo la credibilidad con la fiabilidad de lo que el paciente muestra.
Debido a la tensión emocional con que la persona llega a la consulta, es fácil convencer al médico que sufre de ansiedad o depresión, cuando dichas patologías deben ser estudiadas con más detenimiento y valorarlas de acuerdo a una sintomatología específica junto a un estudio profundo de su historia clínica. Pero esto no es así, un paciente que dice sentirse deprimido, rápidamente se le diagnóstica depresión o una persona nerviosa, se la dice que sufre ansiedad. Todos estos juicios de atribución sin meditar ni estudiar profundamente, está produciendo un tipo de pacientes que no son tales pacientes. Una persona con personalidad depresiva no es que tenga depresión ya que la depresión es algo muy serio que produce una desestructuración importante en la vida personal y social del paciente. Pero se sigue diagnosticando de manera rápida y concluyente.
Ante esto, solo se puede optar por un peritaje psicológico, que consiste en un estudio detallado del paciente, haciendo hincapié en su historia personal junto a una batería de test psicológicos que permiten no solo cerciorar el diagnóstico, sino descubrir fingimientos que no se corresponden con la realidad.
Para llevar a cabo una pericial, lo más importante, es la experiencia del perito, pues como hemos dicho, es fácil que el paciente sugestione con su dolencia al médico o psicólogo y si el mismo no tiene mucha experiencia, acabará haciendo un diagnóstico que no es certero y a la larga puede acabar perjudicando al paciente. La manera para estudiar la veracidad o la falsedad de